Para un sermón de fortaleza en estas circunstancias, estos pasajes son fundamentales:
Si estás leyendo esto porque acabas de perder a un ser querido joven, permíteme decirte: No estás solo. Dios está más cerca de lo que sientes, y aunque la noche es larga, la mañana de resurrección llegará.
El predicador no solo habla; siembra. Siembra esperanza en tierra regada con lágrimas. Y aunque la cosecha parezca lejana, la promesa es cierta: "Los que con lágrimas siembran, con regocijo segarán" (Salmo 126:5).
